Chicharito y Héctor Herrera participan en el 1-1 Sevilla y el Atlético

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Hidalgo Sport. Marca.- Si Diego Costa la coloca donde debe no hay discusión que valga, vaya eso por delante. Con buena parte de la meta local para él, con el partido en la prolongación, con el marcador en tablas, el de Lagarto puso lo que se antojaba remate sencillo a tiro de la zaga sevillista.

Si faltaba emoción, el balón se mantuvo bloqueado unos segundos sobre la raya, con Koundé reteniéndolo de forma evidente. Que hubiera mano anterior del central no llega a quedar claro, el caso es que el del silbato resolvió la acción con falta rojiblanca, primero, y con el final del partido, después.

A otra cosa.Al Atlético se le antojaba escasísimo el botín ahí porque, más allá del empate firmado por Morata, en ese segundo acto también había tenido un penalti a disposición, fallado por Costa (excelente parada de Vaclik), y se le había anulado un gol, conseguido por Costa (excelente asistencia de Correa, delatado después por el VAR), para demostrar que incluso el punto fatídico o la tecnología saben de rachas. El equipo del Cholo Simeone fue muchísimo mejor desde que Diego ingresó en el pasto, pero vaya usted a contarlo ahora con tamaña colección de apariciones malogradas.

Tampoco hubiera estado de más que el cuadro de Simeone se hubiera presentado al partido en tiempo y forma. Lo de tirar la primera parte es vicio ya, lo de aparecer hecho una furia en la segunda no tanto. El Sevilla, consecuencia lógica, fue de más a menos, cuestión que podía temerse el personal nervionense teniendo en cuenta la acumulación de fatigas y la ausencia de Fernando, médula espinal del nuevo proyecto. Aun así tuvo arreones en el tramo final, más por orgullo que por piernas, pero topó con otro que tal en lo que a delanteros respecta: De Jong echó fuera su jugada favorita, cabezazo sin oposición, antes de hacer de una vez mutis por el foro.

Lodi hizo la falta, Lodi lamentó la tarjeta y Lodi decidió desentenderse del lanzamiento posterior. Estuvo el brasileño en la sucesión completa de acontecimientos que descorcharon un partido al que casi media hora después nadie había metido mano, pero como el gol fue del Sevilla conviene atender también a la apertura de Óliver que aclara el juego, al desequilibrio de Navas para provocar la infracción, al saque templado de Banega y, por supuesto, al movimiento y posterior cabezazo del Mudo.

La jugada se completa, para incredulidad del planeta fútbol, con cierta torpeza de Oblak en la reacción.La estrategia, una vez más, aparecía como única manera de que la táctica se desnudara. Hasta ese momento, hasta que un error individual encontró continuidad en la pizarra para poner Nervión boca abajo, el césped había sido un tablero con Lopetegui y Simeone entregados a la noble causa del ajedrez. El técnico local había situado a Gudelj como tercer central para que Óliver y Vázquez escoltaran a Banega en mediocampo y Ocampos se moviera por el frente de ataque haciendo dupla con De Jong.

El visitante, por su parte, se había mantenido sobre el habitual 4-4-2, pero con sus futbolistas mucho más interesados en evitar daños que en provocarlos.
El encuentro resultaba pastoso, así, pero en todo caso contaba el Sevilla con mejor pie. Hubo que esperar casi al descanso para tener noticias de Vaclik, desviando un disparo que ya parecía desviado, el de Koke, sin que la dupla ofensiva dispuesta por Simeone exhibiera hasta ahí mucho más que la protesta continua de Morata.

Desde la diana local hubo además rompe y rasga, de modo que Thomas, el propio Vázquez y Óliver se sumaron con celeridad a la relación de tarjetas exhibidas por el ínclito González González, que siempre parece enfadado y que casi siempre lo está.Por su parte, los mexicanos ingresaron al minuto 76 al mismo tiempo. Chicharito por De Jong y Herrera por Lodi, pero poco pudieron hacer ambos, aunque el ex del Porto lució más.

Sin embargo, los cambios que inclinaron la balanza se hicieron en el medio tiempo.El Cholo no esperó un minuto más. Del vestuario salieron el mencionado Costa y Arias para aliarse con un Thomas que parecía otro y con un Correa tirado a banda. Durante un buen rato sólo hubo un equipo sobre el césped, más allá de cierta tendencia a dar un paso atrás en cuanto, cortesía de Morata, se consigue el gol por fin. Ahí tuvo para el segundo el Sevilla las que tendría luego el Atlético. Pero ni de penalti, mire usted, a mayor gloria de Vaclik. El epílogo fue trepidante, pero dejó la cuestión como estaba: tablas después de mucho, tablas que saben a poco.

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