Hidalgo Sport. ESPN.- Recife. Brasil.- De Tabasco. De Los Ángeles. De Chiapas. De Chinas. De Alemania. De Uriangato. De& cualquier parte. La pasión los une. El fervor los une.
Al final, ese cordón umbilical invisible, poderoso, que es el amor al desmadre, al desorden, a la pachanga, a improvisar de la nada, de nadie, de Don Nadie, un drama, una fiesta, una comedia, eso, al final, es lo que cita a cerca de 300 mexicanos al Hotel Mar de Recife.
Armados hasta los dientes: tabletas, teléfonos, cámaras, esperan la llegada del Tri.
No sabían que habría un acto de desaire, de desdén en la llegada. No es atañible al Tri, sino a FIFA y sus exigencias de seguridad.
Desde las seis de la tarde, con la danza de amor multicolor, en el horizonte de un sol que se rinde ante la ascensión de la luna, como zumbantes, ruidosas, laboriosas, inquietas, festivas, anhelantes, como abejas danzantes y hambrientas ante una embarradita de miel de esperanza de ver a sus seleccionados mexicanos, así, se fueron aglutinando, uno a uno, los aficionados del Tri.
Les alimenta la fe, la aparición de personajes vinculados al Tri.
“Olé, olé, olé, oléééééé, Pio-ja, Pio-ja; Olé, olé, olé, oléééééé, Pio-ja, Pio-ja”, coreaba un veintena de aficionados la aparición de Mishelle, la hija de Miguel Herrera, al lado de su madre y su abuela.
Incluso, los fotógrafos y camarógrafos, en una lucha cuerpo a cuerpo, trataban de ganar milímetros, para ver a la hija de El Piojo, de tormentosas apariciones en Twitter.
Cuando los ídolos no están, cualquier sustituto es genial para darle salida a ese volcán festivo que llevan contenido. El desorden es un cato de catarsis en abonos, cuando se trata de esperar a la selección mexicana.
Y aparece Justino Compeán, presidente de la FMF. La otra cara de la moneda. La apuesta parecía ver quién era capaz de lanzar la piedra más cargada de porquería en las arremetidas verbales. Pero, al final, el dirigente, logra convocar a la unidad de la masa ansiosa de una ejecución pública, verbal, inofensiva, inocua: “¡Eeeeeeeeeeeeeh…”, sí y eso que ya todos en el mundo, sabe que le sigue, y que irritó a la FIFA, por considerarlo un acto flgrante de homofobia.
Compeán entra enojado, con el rostro congestionado en rojo por la rabia, mientras la afición festejaba su venganza sin víctima, pero con un damnificado.
Espera. Y desesperar. Esperanza. Y desesperanza.
¿Hay otra entrada al Hotel Mar? Sí la hay, explica el reportero. Justo por el callejón, pero no es posible un desaire a este grupo leal, que ha viajado miles de millas, con miles de dólares desperdigados en el camino, y que ha bebido miles de litros en conjunto de cerveza, cachaza, tequila y agua.
Pero en el Mundo de FIFA la afición es prescindible, desechable. Órdenes estrictas que repite uno de los agentes de seguridad vestido de civil que deambula en la esquina opuesta a donde aguarda la afición: “Que no se les acerquen, que si es posible, ni los vean”, es el reclamo directo a esa mezcla de seguridad entre ejército, policía militar, policía municipal y seguridad vestida de civil, más los guardianes del hotel, que contenían en una barricada, el acceso de los fanáticos al hotel.
Personajes disfrazados. Máscaras. Mariachis. Rostros pintados. Sombreros villistas y zapatistas. Un Mariachi Banda Nueva Generación que cobra 50 reales por cada pieza, con el atuendo de Santos de Torreó
Los que llegaron hace dos semanas, los que llegaron hace dos días, y los que habían llegado hace dos horas apenas al Mundial. Los que olían a tequila, los que olían a sudor, los que olían a rancio, los que olían a cosas nunca olidas, y hasta ellas, que olían al perfume fascinante de sudor, hormonas y unas gotitas saludables de sensualidad.
Y justo entonces, cuando la turba más ocupada estaba del carnaval múltiple, de esa kermese que embotaba los sentidos.
En una de las esquinas de la manzana del hotel, cierran la calle con motocicletas, furgonetas y patrullas, un autobús da vuelta rápidamente, y apenas es posible verlo entrar al callejón y ver a cerca de 100 metros, como los integrantes del Tri empiezan a bajar del autobús, luego de que el avión los trasladó desde el Aeropuerto de Sao Paulo.
“¿Irán a salir como en Fortaleza?” “¿Se asomarán a saludar?” “¿Nos dejarán aquí plantados?” “¿Nos dejarán tomarles foto?”. Son las preguntas recurrentes de decenas de aficionados.
Al final coros largos, prolongados, intensos, crecientes: “Que salgan, que salgan, que salgan”, pero las puertas calladas, oscuras, silenciosas, como los rostros de las decenas de vigilantes, seguían imperturbables.
“Aquí nos quedamos esperando”, dice Karen, mientras baila El Son de la Negra, al compás del Mariachi Banda Nueva Generación.
O como le dijo un ebrio fanático a otro: “A ver güey, ¿tienes algo mejor que hacer? ¿Verdad que no? Así que chupe, espere y aguante, o le grito la de eeeeeeeeeh…”.
Este domingo, el equipo mexicano hará el reconocimiento de cancha de la Arena Pernambuco de esta localidad y tendrá el último entrenamiento antes de enfrentar a la Selección de Croacia en busca del pase a los Octavos de Final de la Copa del Mundo 2014, dentro del Grupo A.
















































