El Zapata e Israel Téllez salen a hombros; en tarde de orejas

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Hidalgo Sport. Lauro Campos.- Tarde grande la vivida en la plaza de toros Vicente Segura durante el tercer cartel de la Feria San Francisco Pachuca 2025. Con un cielo encapotado y la afición ansiosa por emociones, cayó una auténtica lluvia… pero no de agua, sino de orejas.

Una tarde redonda en la que Uriel Moreno El Zapata e Israel Téllez salieron en volandas tras cortar dos apéndices cada uno, mientras que el joven Francisco Martínez tocó pelo y dejó claro que quiere un sitio entre los grandes.

El Zapata, torería veteranía y explosiva
Abrió plaza el maestro tlaxcalteca con un toro que pintaba bien en su salida, pero que pronto se desinfló. Llegó sin fuerza al último tercio, y aunque El Zapata intentó exprimirle hasta la última embestida, el burel se cayó más de lo que empujó. Faena breve, digna, y a matar pronto. Silencio y respeto.

Pero Abuelo, el segundo del lote, fue otra historia. Ahí vimos al Zapata que todos fuimos a ver: poderoso con el capote, maestro con las banderillas y dominador con la muleta. La plaza rugió con cada par y se vino abajo con los muletazos largos y templados, extrayendo oro puro del toro. Estocada de las que pesan y el juez, sin titubear, otorgó las dos orejas. Primer puerta grande asegurada.

Por su parte, Téllez tuvo una tarde de entrega y técnica. Su primer toro, Platero, tardó en carburar, pero terminó embistiendo con emoción. El torero sacó derechazos limpios, trincherazos templados y hasta pases del desdén con sabor añejo. Mató bien, aunque la faena no alcanzaba para premio. Aun así, el público se encendió y el juez, bajo presión, sacó el pañuelo. Oreja polémica, pero oreja al fin.

Con Afortunado, el de Uriangato se afianzó. Esta vez sí hubo faena redonda: series limpias, temple, valor y colocación. Todo cuajado y rubricado con una estocada certera. El juez, ahora sí, sin discusión, concedió la segunda oreja. Téllez se sumaba así al triunfo mayor de la tarde.

Francisco Martínez, juventud con hambre
El de Aguascalientes venía con ganas de comerse el mundo y su primer toro fue el mejor del encierro. Lo entendió de maravilla y le instrumentó muletazos de calidad, pero el acero le falló en el primer intento. Aun con la estocada efectiva al segundo viaje, el trofeo se le escurrió entre los dedos. Palmas fuertes para él.

Sin embargo, Bendecido, su segundo, le permitió resarcirse. Faena compacta, de menos a más, con muletazos largos y asentados. Esta vez no falló: estocada hasta la empuñadura y oreja ganada a ley. Martínez cerraba la tarde con dignidad y una promesa de futuro.

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