
Hidalgo Sport. Agencias.- El estadio Agustín “Coruco” Díaz recibió a su jugador más grande de todos los tiempos. Lo cobijó con el cariño de su pueblo y le rindió un homenaje póstumo en medio de la cancha. Su féretro de madera fue colocado en ese campo de futbol que lo vio nacer como portero y a la postre lo llevó a cuidar el arco de la selección mexicana.
En ese campo el pueblo, amigos y familiares vitorearon su nombre, elevaron cánticos propios de la afición futbolera e imploraron por el descanso de su alma mediante una misa de cuerpo presente.
El cortejo fúnebre ingresó por la fuente y al llegar al ingenio azucarero “Emiliano Zapata” se abrieron las puertas para recibir los restos de Larios. El silbato de la fábrica sonó tres veces en señal de duelo y después la fila de autos y dolientes enfilaron hacia el “Coruco” Díaz, situado a unos 200 metros de distancia.
Zacatepec, su pueblo natal, lo recibió con una temperatura superior a los 34 grados luego de una travesía desde el estado de Puebla, donde falleció la mañana del jueves.
A Pablo Larios Iwasaki lo acompañaron sus compañeros de ese gran equipo de futbol que “hizo feo”, como dicen en Morelos, en la década de los 80.














































