Hidalgo Sport.- Antes de comenzar el partido entre Brasil y Suecia en una de las semifinales del futbol femenil, todo el país se volcó a la catedral del balompié, a Maracaná, para hacer una fiesta y apoyar completamente de principio a fin a Marta y su equipo.
El Maracaná se vistió de gala así como en la inauguración de los presentes Juegos Olímpicos, ni un alma cupo en el inmueble, que nuevamente vivió una fiesta al igual que en la final de la Copa del Mundo del 2014 o en aquel desenlace de la Confederaciones del 2013.
Miles de personas asistieron al estadio, de todas partes de Río y hasta de otros estados de Brasil, como del sur Porto Allegre y del norte en Manaos. Por apoyo nunca paró la “Torcida” -afición brasileña-, siempre alentó, y al darse cuenta que la pelota no entraba aumentaba el volumen de sus gritos para empujar la pelota.
Sin embargo, Suecia no fue un rival sencillo y para muestra fue que prolongaron la serie hasta los tiempos extra y después a los penaltis. Aquí todos se morían de los nervios, nadie quería respirar, emocionantes de principio a fin.
Los abucheos sonaron en contra de las europeas y las porras hacia las suyas, Marta iniciaba la tanda desde los once pasos y era un buen augurio. Siguió la brasileña Cristiane y todo se comenzó a complicar para las anfitrionas, la portera sueca negaba el gol.
Las europeas también fallaban en un intento, pero sería el último, pues los siguientes los convirtieron en anotación. Con el último intento a tirar, Andressa defraudó a su pueblo, cargó con el error y la meta sueca con la astucia de atajar el disparo, y solamente Lisa Dahlkvist puso la cereza final para la victoria sueca y la frustración brasileña.
El público local no lo podía creer, las lágrimas escurrían, la tristeza impregnaba a la sede olímpica y prohíbe que esto vuelva a ocurrir este día, pero en la rama varonil, en la otra semifinal de Río 2016, cuando el Brasil de Neymar choque ante la sorpresiva Honduras de Concacaf.












































