
Hidalgo Sport. Lauro Campos.- La capital hidalguense amaneció con ambiente festivo, pues desde las primeras horas el parque Hidalgo se transformó en un punto de encuentro para quienes entienden la lucha libre no solo como espectáculo, sino como parte viva de la cultura popular.
Sin la formalidad de una arena, pero con el mismo nervio de una función grande, Pachuca se entregó al Festival de Lucha Libre.
El arranque estuvo cargado de nostalgia, gracias a una muestra de fotografías, máscaras y objetos que narraban, sin palabras, décadas de historia del pancracio en la región. Familias enteras aprovecharon para recorrer puestos, adquirir artículos especiales y convivir entre recuerdos y nuevas propuestas.
Cuando los reflectores apuntaron al ring, la energía cambió. La cercanía entre público y gladiadores creó una vibra especial: gritos al ras del encordado, emoción a pocos centímetros de cada rodada y una participación que pocas veces se ve fuera de una arena tradicional.
Las luchas elevaron el ambiente, especialmente el duelo donde El Sable, Rey Dragón y Símbolo Azteca se enfrentaron a Gasparín Jr., Discordia y Rebeldía, combate que terminó con lluvia de dinero como reconocimiento espontáneo del respetable.
La función no dio tregua, cada enfrentamiento mantuvo el ritmo hasta el final, cuando la proyección del documental Pachuca contra la lona le añadió un cierre reflexivo a un día cargado de emociones.
Pachuca no solo disfrutó un festival: celebró su identidad luchística con la intensidad que la distingue.











































