
Durante su homilía, el párroco destacó a Irving como una persona ejemplar, por sus triunfos como hijo y como deportista dentro de las pistas, poniendo en alto el nombre de sus padres y de su tierra natal.
A la salida de la iglesia, el papá de Irving agradeció con emotivo mensaje el apoyo de los asistentes, que hizo rodar las lágrimas, ante el ataúd, decorado por su inseparable playera y tenis, que lo convirtieron en un orgullo del atletismo hidalguense.
Ahí mismo, su papá anunció que el cuerpo del atleta sería cremado, después de su última carrera rumbo al cielo, donde descansará eternamente, después de una prolongada enfermedad que lo tuvo postrado en cama.















































